flor de la no mente
El corazón, solo existe en
la no mente:
Cuando más nos vaciamos de
las sustancias reaccionarias, algo del orden del amor va floreciendo.
Un amor
que no es humano, en el sentido que le damos a las relaciones. Un amor que solo
adviene cuando no somos, cuando morimos a nosotros mismos. En el no hay
calculo, ni comparación, ni envidia, ni competencia.
Es un amor que no se entrega
o dirige a otro, porque el otro ya no existe.
tampoco es amor a uno mismo
porque el yo ya no existe.
El espejo reflejo del tu y yo está roto.
¿Entonces a quien va
dirigido este amor?, a nadie en particular y así se brinda por
igual a todos.
“ama a tu prójimo, como a
ti mismo”, que es como decir, no distancia, no yo ni tú.
En el amor del que
hablamos, no hay un yo que ame, ni otro que es amado.
Somos eso caminando, pero
no hay caminante, ni camino.
Ese amor es entrega absoluta ,porque ya todo lo
que podía frenarlo, acotarlo, dirigirlo, o interpretarlo murió en la hoguera.
No hay progresión
matemática al infinito, no hay binario o
(vacío) uno (todo).
La lógica y la matemática
caen al abismo inútil de su necesidad, no hay división, imposible la
separación.
El dolor del otro es el mío
(pero no por identificación), ni es que yo soy el otro, o el otro soy yo.
Es porque todo me penetra, no elijo, pongo freno,
o ansió. A todo soy abierto y vulnerable.
Soy el dolor del otro, pero
sin sufrimiento psicológico, porque ya no hay sustancia
(sentimiento/pensamiento) que interprete, juzgue o condene en uno.
El dolor del otro, no
produce dolor en uno, sino compasión. Lo único que puede habitar en ese
corazón, son la entrega, la pasión, la compasión, y la generosidad, aun estas palabras que intenta definir algo de
por si indefinible lo ensucian y cosifican.
Lo que es contradicción
para la mente, es certeza para el corazón: Si algo malo le sucede al otro, me
sucede a mí. Si algo bueno le sucede al otro, me sucede a mí, aun así en ese
lugar no existen lo bueno o lo malo. No hay uno, ni otro, por ende no hay
necesidad de comparación, ni envidia, ni competencia, solo una profunda
homeostasis y síntesis entre dos vacíos.
En al amor no hay
juzgamiento, por ende no hay perdón. (El perdón es de la mente).
En el amor no hay ambición,
ni calculo por ende no hay aceptación (la aceptación es de la mente).
En el amor no hay
competencia, ni ganancia, ni perdida, por ende tampoco altruismo (el altruismo
es de la mente).
El amor es en sí mismo y
nada queda por fuera, por ende no hay devoción (la devoción es de la mente).

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